Del calor intenso, ¿a lluvias muy importantes?

Del calor intenso, ¿a lluvias muy importantes?
Autor: Iván Herrera Marín - Iván Herrera Marín | CTO Responsable Técnico en TROPOSFERICA. Meteorólogo y comunicador. Diseño gráfico. Ciencias Ambientales.
14 de agosto, 2026

EL HORNO AL MÁXIMO DURANTE MESES

Este verano de 2026 está dejando una huella térmica muy destacable en España. Ya junio fue extremadamente cálido, con una temperatura media de 23,3 ºC en la España peninsular, 3,2 ºC por encima del promedio 1991-2020, convirtiéndose en el segundo junio más cálido de la serie histórica, únicamente por detrás de 2025. El episodio más intenso llegó entre los días 21 y 25: el 22 se alcanzaron 42,9 ºC en Lleida y el 24, unos llamativos 42,7 ºC en el aeropuerto de Bilbao. Además, 15 de las 86 estaciones principales de AEMET batieron su récord de temperatura máxima para un mes de junio.

Lejos de tratarse de un episodio aislado, julio mantuvo e incluso reforzó esta anomalía térmica. La temperatura media peninsular alcanzó los 25,7 ºC, 2,6 ºC por encima de lo "normal", lo que sitúa a julio de 2026, empatado con 2022, como el mes más cálido registrado en España desde que comienza la serie en 1961, considerando no solo los meses de julio, sino cualquier mes del año. Prácticamente todo julio presentó temperaturas excepcionalmente elevadas, con anomalías cercanas a +5 ºC en zonas de Navarra y Aragón. Entre los valores más destacados aparecen los 44,2 ºC de Murcia el día 23 y los 43,9 ºC del aeropuerto de Granada el día 22.

Y agosto tampoco está dando demasiada tregua. Los episodios de temperaturas muy altas han continuado durante la primera quincena y todavía ayer, 13 de agosto, la red de AEMET registraba 42,4 ºC tanto en Madrigal de la Vera (Cáceres) como en Miranda de Ebro (Burgos), 42,3 ºC en Almadén y Écija y valores de 42 ºC o superiores en numerosos puntos del interior peninsular. Es, por tanto, un verano caracterizado no solamente por picos extremos, sino también por una extraordinaria persistencia del calor desde prácticamente el inicio de junio.

CALDO DE CULTIVO EN EL MEDITERRÁNEO

A todo ello se suma otro elemento especialmente interesante de cara a lo que pueda suceder durante las próximas semanas: el Mediterráneo está excepcionalmente caliente. A comienzos de agosto, la boya situada en aguas abiertas al oeste de Mallorca, llegó a medir 33,2 ºC, un valor extraordinario y potencial récord para aguas abiertas del Mediterráneo occidental, aunque el registro requiere validación definitiva. Incluso en las playas del sureste peninsular encontramos actualmente valores alrededor de 29-30 ºC; por ejemplo, la predicción de AEMET para la costa de Elche sitúa el agua en 29 ºC este 14 de agosto y en torno a 30 ºC durante el fin de semana.

Llegamos así a mediados de agosto con un enorme reservorio de calor acumulado tanto sobre tierra firme como, especialmente, en el Mediterráneo. Un mar tan cálido implica una mayor disponibilidad potencial de calor y vapor de agua para la atmósfera. Esto, por sí solo, no provoca lluvias torrenciales, pero cuando aparece el mecanismo atmosférico adecuado —aire frío en altura, inestabilidad y una configuración favorable de vientos— puede contribuir a alimentar tormentas muy eficientes y precipitaciones localmente intensas.

¿LLUVIAS TORRENCIALES A LA VISTA?

El patrón atmosférico de las últimas semanas podría estar llegando a su fin. Las previsiones a corto y medio plazo insisten en el final abrupto de la canícula, con calor más moderado y posibles precipitaciones muy importantes, a lo largo de la próxima semana y lo que queda del mes de agosto. Con todo lo que hemos comentado anteriormente, no es descartable que en algún punto de la Península lleguen lluvias torrenciales, más probable en torno al Mediterráneo.

Respecto a lo que queda del mes de agosto, destaca claramente una anomalía positiva de precipitación sobre el Mediterráneo occidental, particularmente al este de la Península y en el entorno de Baleares. La distribución resulta interesante porque apunta a una mayor actividad convectiva sobre el Mediterráneo, aunque no permite afirmar por sí sola que vaya a producirse un episodio torrencial en la costa española. A estas alturas de agosto, y con un Mediterráneo extraordinariamente cálido, cualquier entrada de aire más frío en altura acompañada de una circulación marítima favorable podría encontrar una masa de aire muy húmeda y energética; por ello, aunque el mapa mensual no localiza tormentas, sí dibuja un entorno que habrá que vigilar especialmente durante la segunda mitad del mes.

Los diferentes modelos a largo plazo, en general, de cara al mes de septiembre, refuerzan las anomalías positivas hacia el Mediterráneo, dibujando un corredor húmedo en el litoral mediterráneo peninsular hacia Baleares y, sobre todo. Es una configuración especialmente interesante teniendo en cuenta que septiembre marca el inicio del periodo climatológicamente más propicio para los episodios de lluvias intensas mediterráneas: el mar conserva todavía una enorme cantidad de calor y humedad mientras aumenta progresivamente la posibilidad de entradas de aire frío en niveles altos.

El mapa no permite anticipar una DANA concreta ni asegurar lluvias torrenciales —una predicción estacional no tiene capacidad para ello—, pero sí sugiere que septiembre podría presentar una mayor actividad pluviométrica de lo habitual en el entorno mediterráneo, una señal que merecerá seguimiento conforme entremos en plazos de predicción mucho más cortos.

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