¿Podemos oler la lluvia? El fenómeno del petricor

¿Podemos oler la lluvia? El fenómeno del petricor
Autor: Iván Herrera Marín - Iván Herrera Marín | CTO Responsable Técnico en TROPOSFERICA. Meteorólogo y comunicador. Diseño gráfico. Ciencias Ambientales.
5 de octubre, 2026

Hay olores capaces de transportarnos inmediatamente a un lugar o a un momento concreto. Uno de los más reconocibles es el de la "tierra mojada" cuando comienza a llover después de varios días con cielo despejado. Ese aroma "fresco y terroso" que solemos identificar simplemente como "olor a lluvia" tiene incluso un nombre propio: petricor.

Pero hay algo todavía más curioso. En ocasiones somos capaces de percibir ese olor cuando todavía no ha empezado a llover. ¿Realmente podemos oler la llegada de la lluvia?

EL ORIGEN DEL "OLOR A LLUVIA"

Hagamos un poco de historia. La palabra petricor fue creada en 1964 por los investigadores australianos Isabel Joy Bear y Richard Thomas para describir el característico aroma que aparece cuando la lluvia moja un terreno que llevaba un tiempo seco. El término procede del griego petra, piedra, e ichor, el fluido que, según la mitología griega, circulaba por las venas de los dioses.

Su origen no está exclusivamente en el agua. Durante los periodos secos se van acumulando sobre el suelo, las rocas y la vegetación diferentes sustancias y aceites naturales. A ellos se suma la geosmina, un compuesto producido por determinados microorganismos presentes en el suelo y que posee un intenso olor terroso.

Nuestro olfato es especialmente sensible a este tipo de sustancias, por lo que cantidades diminutas son suficientes para producir esa sensación tan característica asociada a la tierra mojada. La lluvia actúa como una especie de "interruptor".

UN POCO DE CIENCIA...

Cuando una gota golpea una superficie porosa, como la tierra seca, puede atrapar pequeñas burbujas de aire. Estas ascienden rápidamente y, al romperse, liberan diminutas partículas al ambiente en forma de aerosol. Con ellas viajan también algunos de los compuestos responsables del aroma que posteriormente respiramos. Investigadores del MIT observaron este proceso utilizando cámaras de alta velocidad.

Curiosamente, una lluvia suave o moderada puede ser más eficaz produciendo este efecto que un chaparrón muy intenso. Por eso el olor a tierra mojada resulta especialmente evidente cuando empiezan a caer las primeras gotas después de un periodo prolongado sin precipitaciones.

Es, en cierto modo, como si cada pequeña gota ayudara al terreno a liberar parte de los aromas que llevaba días almacenando.

¿EL OLFATO COMO "MODELO DE PREVISIÓN"?

Aquí aparece una de las curiosidades más interesantes: no todo lo que identificamos como "olor a lluvia" es exactamente petricor.

Imaginemos una tormenta acercándose. Puede estar lloviendo ya a varios kilómetros de nuestra posición. El viento que acompaña a la tormenta puede transportar hasta nosotros los aerosoles y aromas procedentes de aquella zona antes de que las primeras gotas lleguen a donde nos encontramos.

Además, en determinadas situaciones tormentosas puede intervenir otro protagonista: el ozono. Las corrientes descendentes asociadas a las tormentas pueden favorecer que llegue hasta niveles próximos al suelo, donde algunas personas perciben un olor diferente, más limpio, penetrante o ligeramente metálico.

Por tanto, cuando alguien comenta aquello de "huele a lluvia" mirando un cielo cada vez más oscuro, no siempre se trata simplemente de imaginación.

LA IMPORTANCIA DE LA OBSERVACIÓN... Y EL OLFATO

El petricor suele resultar especialmente perceptible después de periodos secos, cuando la llegada de las primeras lluvias libera de nuevo los compuestos acumulados en el terreno.

Quizá por eso este aroma está tan asociado a los cambios de tiempo y resulta especialmente evocador en épocas como el otoño, la actual, cuando las primeras lluvias vuelven después de largos periodos secos y el paisaje comienza a transformarse.

Así que la próxima vez que notes ese característico olor a tierra mojada antes incluso de abrir el paraguas, recuerda que probablemente estés percibiendo mucho más que agua: el suelo, la vegetación, diminutas partículas suspendidas en el aire y hasta el viento de una lluvia que quizá todavía se encuentre a varios kilómetros de distancia.

En otro artículo hablaremos sobre cómo los animales son también capaces de anticiparse a los cambios de tiempo. Temas, sin duda, interesantes, para el curioso.

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